Querido diario.

Un día pensé que podría volar como los pájaros, correr libre allá donde quisiera, tener a quien amase y cuando odiara a alguien simplemente desaparecería. Un pensamiento valiente se me incrustó entre ceja y ceja, me iba a comer el mundo.
Y como ves, una vez más me equivoqué. Estoy pasando por un túnel sin fin, no sé cuánto tiempo estaré aquí... todavía no veo la luz. Y no ver la luz me provoca fobia, me aterra, y no por la oscuridad ni el frío, sino por no ver esa luz, ese sobre aviso de que todo va a terminar bien, ese no saber que encontraré la salida.... La incertidumbre se apodera de mi estómago y me paraliza el corazón a la vez que me produce unas taquicardias horrorosas, sudor frío y presión sobre el esternón. Y cuando algo ejerce fuerza sobre mi esternón, todo aquello por lo que lucho, se destroza en mil pedazos y se convierte en un puzzle que ni yo ni nadie sabe recomponer... Así solo me queda desechar esas piezas sin forma, sucias y descolocadas y colocar en su lugar otros sentimientos, otro "algo" o "alguien" por lo que merezca la pena luchar y que fortalezca mi esternón, para que la próxima vez todo aquello que llevo conmigo no se convierta en ruinas otra vez.
¿Qué hago? El frío congelando mis órganos y no sé qué camino escoger. Y de veras no me gustaría encontrar el más corto, sino aquel que me llevara a un lugar donde pudiera encontrar todo lo necesario para recomponer mi interior y protegerlas con ese hueso que tanto me gusta nombrar, mi esternón... Y también hacerlo a él más fuerte, mucho más fuerte.
Gracias diario por ser mi refugio y mi abrigo, por dejarme escribirte y gracias a eso veré todo con más claridad.
Atentamente:
Una nueva persona

No hay comentarios:

Publicar un comentario