Cada vez hay más recuerdos, cada vez te acuerdas mejor de todo. De cada segundo, de cada minuto, de cada hora y día que has pasado con él. Es inevitable acostarte llorando, y levantarte llorando, y llorar cada cinco minutos. No lo puedo evitar. No puedo evitar dejar de pensar en él. Todo me recuerda a él, lo quiera o no.
Es pura melancolía.
Ahora soy una princesa de nadie. Princesa de aquel príncipe que nunca apareció. No busco amor, ni nada por el estilo. Por que después de esto no creo en el amor, ni confío en los chicos, a fin de cuentas, todos acaban siendo iguales, hasta que conozca al hombre de mi vida, y con el que me case.
Pero por ahora tengo 15 años, mucho por delante y por vivir. Tengo mucho que disfrutar con mis amigos, muchas fiestas a las que ir, y mucho que estudiar, y no puedo desperdiciar mi vida así, pero es inevitable. Cada vez le necesito más, y necesito más estar con él, y hablarle, y besarle y todo. Por que es la persona de la que estoy enamorada. Enamorada por primera vez, con quince años.