Sin sentido alguno.

Me podría tirar horas escribiendo lo que siento sin sentido alguno. Diciendo la rabia e impotencia que me dan algunas cosas, el odio que le tengo a algunas personas, y las horas seguidas que soy capaz de llorar.
Pero todo eso no serviría para nada. Tal vez solo para desahogarme, pero no solucionaría nada.
He superado cosas que jamás pensé que lo haría. Y eso me ha hecho más fuerte, pero sigo siendo una niña de 15 años con problemas sin saber como resolverlos y pasando de todo para que no le afecte lo más mínimo. Ahí es cuando entra el motivo de esto. Pasar de todo. Y cuando llega el momento, todo se te cae encima y te derrumbas. No se el motivo de ello y voy en busca de un motivo que no voy a encontrar jamás, ya que he pasado tanto de ello, que no le voy a encontrar un sentido alguno.
Soy más débil de lo que pensaba, aunque intento que vean que soy fuerte y que nada me va a derrumbar a pensar de todo esto.

Intenta conseguirlo.

¿Sabéis cual es ese momento en el que adviertes a una persona de lo que le puede llegar a pasar si sigue así, no te hace caso y le pasa? Pues eso es lo que me ha pasado.
Te advertí, sabía que esto llegaría. Has cambiado. Te has cambiado en todo lo que odiabas y criticabas. Una niñata consentida. Una persona sin escrúpulos y sin vergüenzas, sin miedo a decir algo con lo que puedas cagarla para siempre.
A veces, aunque nuestros propios consejos sean los mejores ya que nos conocemos mejor que nadie nos puede llegar a conocer, hay que dejar que nos aconsejen. Y ya si quieres, hacer caso o no.
Pero llegará un día en el que esos consejos te ayuden a mejorar como persona.
No sabes lo que has cambiado. No te quieres dar cuenta. Mucha gente te lo está diciendo. Pero prefieres vivir encerrada en esa pequeña cabeza de niña pequeña, a madurar y convertirte en alguien.
Te lo dije. Sólo es un consejo.