Un despiste que puede acabar en la pérdida de alguien.
Llega un momento en el que no sabes como reaccionar al ver que algo que has tardado años en construir en unos días se destruye. Parecía tan lejano ese día. No me quiero dar cuenta de que ha llegado y aquí sigo al pie del cañón a pesar de todo. Espero una llamada que jamás llegará. Prometiste llamarme aquel sábado noche y ya ves no paro de mirar a la pantalla del móvil esperando esa llamada. Estoy harta de ser yo quien toma la iniciativa de hablarte, porque si no fuese porque nos veíamos a diario estaríamos meses sin hablar. Le temo al futuro y a lo que nos deparará. Nos esperan largos días sin vernos, sin hablar, y sin saber la una de la otra. Pero no te preocupes aquí estará la gilipollas de turno esperando, intentando lo imposible para que todo sea como antes aunque no me quiera dar cuenta de que es imposible. ¿No te das cuenta de lo que estás a punto de perder? ¿No te importa perder tantos años por un simple descuido? Al parecer no. Al parecer no te importa nada, o más bien no te importo nada. Ya preguntarás que nos ha pasado, o porque paso de ti, o ya te darás cuenta de que has perdido tu oportunidad de intentar reconstruir lo que como anteriormente he dicho, hemos tardado años en construir y días en destruir. Llevo meses aguantando, pero no puedo más. Lo siento, he llegado a mi límite. Tu sabrás lo que quieres hacer y como lo quieres hacer, pero conmigo no vas a jugar. Hasta nunca.
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